martes, 20 de mayo de 2014

El Liberalismo - Cuaderno I - Capitulo I




HISTORIA
El conjunto de las transformaciones ideológicas y políticas que se habían desarrollado en Europa y América a finales del siglo XVII y el fin del Imperio Napoleónico en el 1815 conformaron una corriente ideológica y una doctrina política que conocemos como liberalismo.
Se considera que la sociedad está compuesta por individuos y no por órdenes clases, o estamentos, y erigieron en doctrina la defensa de la libertad individual. La libertad, que se define como la ausencia de sometimiento a otros, es  un bien en sí mismo en todos los campos: civil, religioso, político y económico. Esta  ideología defiende la libertad de comprar, vender, contratar o establecerse, sin otros límites que el propio deseo y el respeto a la libertad de los otros. La libertad no puede ser limitada por ningún tipo de autoridad, fuera política o espiritual. Defiende la libertad de pensamiento y denunciaban todo intento de limitar la libertad de conciencia y de creencias. Reclama el derecho a la libre reunión, a la asociación, a la expresión de las ideas, a la manifestación y a la libertad de prensa. Asimismo, consideran que la religión debe ser una convicción personal y no un asunto de la vida pública.
Haciendo un poco de historia se observa que en Francia se destaca por su carácter político,  existía lo que luego se denominó antiguo régimen. Un rey absoluto y una serie de nobles cortesanos que gozaban de toda clase de prerrogativas. El lujo del palacio de Versalles se lograba a costa de impuestos que sometían a la miseria a la mayoría de la población. El alto clero obispos y cardenales y la nobleza eran una pequeña minoría, pero monopolizaban el poder económico y político del reino. El liberalismo busca llegar a una forma de gobierno democrática y consagrar los derechos individuales.
En Inglaterra la célebre Carta Magna de 1215 limitaba seriamente el poder real a favor del Parlamento. En 1679 el rey se había visto forzado a firmar el “bill de habeas corpus”, y diez años después debieron firmar la «declaración de derechos» que reducía aún más el poder real y reconocía algunos derechos de los ciudadanos.  En el siglo XVIII el parlamento tenía cada vez más poder y surgieron dos partidos políticos que disputaban las bancas del parlamento mediante el voto de los ciudadanos. Inglaterra era vista en toda Europa como un modelo de libertad y tolerancia, a pesar de que había tenido persecuciones religiosas y otras atrocidades. En el siglo XVIII la preocupación de los ingleses no era el poder real, sino la libertad.
En España la palabra «liberal», amigo de la libertad, fue acuñada en las Cortes de Cádiz del año 1812, en sentido amplio el término «liberal» sirve desde el siglo XIX para denominar un conjunto de ideas que fueron la base y el sustento de la libertad individual y como tal no tienen ningún contenido político ( Tema que trataré más adelante ). Las ideas liberales se plasmaron también en un modo de entender la sociedad y en una actitud hacia las personas y las relaciones sociales. Así, en nombre de la razón y del derecho de todo hombre a vivir libre, los liberales concibieron el universo como una inmensa mecánica cuyos engranajes obedecían a leyes naturales…
Este  reconocimiento de  libertad individual ha sido el origen de la extraordinaria prosperidad de los países occidentales. A partir del siglo XVIII, muchas personas pudieron salir de la pobreza al poder ejercer la libertad de crear.
El hundimiento de los antiguos países comunistas, y de todos aquellos que habían adoptado el intervencionismo estatal, tendría que haber coincidido con el triunfo del liberalismo. Pero no fue así.
Esto creo que obedeció a razones intelectuales, al echar en falta los instrumentos necesarios para comprender el complejo funcionamiento de una sociedad basada sobre el principio de la libertad. Pero a pesar de esto, el pensamiento liberal experimenta un gran desarrollo en todo el mundo: economistas, juristas, historiadores, ponen de actualidad sus fundamentos. Pero por muy fascinante que resulte esta explosión intelectual, se comprueba que ha sido ampliamente desconocida


Santiago Lorenzo Sueiro -  sueiro@sueiro.eu

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